Erase una vez una empresa que era muy buena, tan buena era, que a pesar de los malos tiempos que corrían por el reino del oeste tenían la necesidad de contratar a un nuevo empleado. Así pues, se pusieron manos a la obra para ver que características personales debería tener el candidato. Después de muchos días de pensar y discutir que es lo que el puesto de trabajo requería llegaron a la conclusión de que debería reunir las siguientes cualidades personales: Un buen Expediente académico que demuestre que es una persona INTELIGENTE y que será capaz de resolver las dificultades que vayan surgiendo.
Debe también ser una persona que debe de implicarse en el proyecto de la empresa, de tal manera, que para esta persona conseguir los objetivos marcados sea una AMBICION personal. Por último y dada la carga de trabajo, de estrés y la necesaria colaboración dentro del departamento debe de ser una persona muy accesible, colaboradora y dispuesta a sacrificarse por el bien común, para crear un ambiente positivo y proactivo, resumiendo una BUENA persona.
Lo malo fue que antes de empezar la búsqueda de los candidatos se presentó el Hada del Este, quien les recriminó no haber contado con ella para la búsqueda del candidato y además les recordó que tenían por costumbre no detallar las funciones del empleado para así pagarle menos salario. Y ella que no pretendía ser buena, pero si justa, lanzó el siguiente sortilegio “solo se pueden cumplir dos de las condiciones personales, la tercera será siempre imposible”. Así que la persona que finalmente sea seleccionada solo podrá ser:
Ambiciosa y buena persona pero no Inteligente.
Buena persona e inteligente pero no ambiciosa.
Inteligente y ambiciosa pero no buena persona.
Llegados a este punto os preguntareis ¿Y a quien contrato la empresa? Pues... Pues… obviamente, a quien estaba dispuesto a trabajar más horas por menos dinero. Menos mal que esto es un cuentecito y no pasa en la vida real ¿No?
Saludos, besos y abrazos, repártanse según proceda